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The Defenders (Serie de TV)

Posted by Stipey on 20:35
The Defenders sigue a Daredevil (Charlie Cox), Jessica Jones (Krysten Ritter), Luke Cage (Mike Colter) y Iron Fist (Finn Jones). Cuatro héroes únicos con un objetivo común: salvar Nueva York. Esta es la historia de cuatro personas solitarias que sobrellevan sus propios desafíos y entienden que son más fuertes al formar un equipo.

Un ciego ninja, una detective de fuerza sobrehumana, un afroamericano a prueba de balas y un niño rico con el poder las artes marciales entran a un restaurante chino.
¿Cuál es el chiste?
Pues el primero y más importante es pensar que esta serie no es absoluto disfrute y cuidado entretenimiento, con no más de la seriedad imprescindible de por medio.

'The Defenders' no pierde tiempo en tratar de justificarse: esto es un cómic multivitaminado y poderoso, una aventura urbana en la que chocan antiguos cultos con los hijos que han engendrado, y, principalmente, una exploración del heroísmo más sacrificado, a pie de calle y con nula admiración pública.
Matt Murdock, Jessica Jones, Luke Cage y Danny Rand empiezan desde el mismo sitio, con sus caminos personales llegando a una vía muerta de dudas e incertidumbre: ¿quiero la parte de responsabilidad que me ha tocado? ¿hago bien usando mis habilidades? ¿era esto lo que estaba destinado a hacer?
Estos justicieros ya han catado sus primeras batallas, tras ellas se han permitido un alto en el camino y están madurando si sus poderes merecen el inevitable coste personal que acarrean, mientras retoman el contacto con amigos, amantes, mentores... familia.
Esta era la vida que se estaban perdiendo, aunque irónicamente lucharon para protegerla.

Claro que nadie puede huir a su naturaleza demasiado tiempo: a Matt se le seca la boca oyendo las llamadas de auxilio que se fuerza a ignorar, Jessica ha hecho carrera obsesionándose con casos imposibles de solucionar, Luke se ha sorprendido siendo ejemplo de algo que no puede rechazar, y Danny guarda una responsabilidad por una deuda que no pudo pagar.
Así se embarcan, de manera tímida al principio y cada vez más agresiva a medida que avanzan, contra un complot que revuelve los bajos fondos urbanos, que se está cobrando la vida de personas inocentes y que se desarrolla de manera demasiado clandestina como para llamar la atención de justicieros que no estén a pie de calle. Alexandra es la gran mente en la sombra, una "villana", si se la puede llamar así, que se diferencia de anteriores en una cosa única pero crucial: allí donde otros buscaban control y poder, ella busca simple destrucción, porque su juicio ha quedado tan por encima de todo que no le merece la pena conservar imperios condenados a derrumbarse, o tradiciones que no van perpetuarse.
Sigourney Weaver compone el retrato de una persona exquisita y refinada, que sólo halla disfrute en el arte o la creación, y nos hace pensar que estamos equivocados, que por este mundo no vale la pena luchar, porque su fin acabará llegando, y la muerte es solo una puerta que los elegidos mil veces pueden cruzar.

Interesante amenaza, por ello, la que pone esta serie sobre la mesa: de repente, vemos que los cultos en los que se ha movido este cuarteto tienen un alcance global y casi mitológico, de la clase que ve el tiempo pasar sin inmutarse, y por primera vez nos damos cuenta de que ellos quizá no son los elegidos de nadie, sino los accidentes que se han salido del camino marcado.
Daredevil estaba destinado a la lucha contra el Mal y el Iron Fist permanecía por la protección del Bien: conceptos lo suficientemente monumentales como para que los fracasos de Matt y Danny puedan magnificarse, y sus cruzadas disfrazadas parezcan carecer de sentido.

Pero si hay algo que esta serie también pone de manifiesto, de la manera más acertada y más sencilla posible, es que la más pequeña causa siempre tendrá más validez que cualquier esquema grandioso: las conversaciones entre Alexandra y Madame Gao podrán impresionar por su aparente lucidez y sabiduría a través de los siglos, pero es Luke Cage abrazando a una madre desesperada lo que nos desarma, y de la peor manera.
Sigue importando salvar vidas y familias, por más pequeñas que sean para las tradiciones y las profecías.
Sigue importando que haya defensores del inocente, por muy difícil que se haya vuelto esa tarea.

Durante la primera mitad de la serie vemos a los cuatro sumidos en la iluminación y fotografía de su respectivo color, y solo será en el restaurante chino que les sirve como cuartel general donde la gama cromática que les acompaña se una, se confunda y estalle: una manera de contar, sin palabras, que cada uno de estos sacrificados héroes ha encontrado la razón para seguir en que no están solos y no son los únicos que luchan, por mucho que se resistieran a creerlo, en un mundo que parecía quitarles tanto y darles tan poco.
Quizá sea el momento de cambiar las tornas, porque son los únicos que pueden hacerlo aunque no estuvieran destinados a ello; por los amigos y familias que protegen aunque muchas veces los pierdan.

Me esperaba pasármelo bien (porque esto no deja de ser un cómic, cosa que parece que cuesta aceptar), pero lo que no me esperaba es que esto fuera una lógica continuación de todas las series circundantes y un necesario capítulo en la vida de cada uno de estos urbanos vigilantes.
Porque la unión hace la fuerza, pero también funciona en los dos sentidos: como superioridad numérica ante un mal que siempre se va a multiplicar, y como revalidación de unas responsabilidades que estos superhéroes se merecían ver apoyadas.

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