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El mal ajeno

Posted by Stipey on 20:30
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Diego se ha inmunizado ante el sufrimiento ajeno desde que ejerce como médico en la unidad de cuidados paliativos. Al estar rodeado de muerte, ha perdido el interés por su profesión, el amor por su pareja y el compromiso como padre. Tras el intento de suicidio de una paciente, Diego se ve envuelto en un suceso que le deja inconsciente y con un disparo alojado en su cuerpo. Será el inicio de su sensibilización, pero también el punto de partida de una decisión que pondrá en peligro a los suyos.

Si Amenábar pareció plagiar a “El sexto sentido” con “Los Otros”, aquí, ejerciendo de productor, parece plagiar, una vez más a Shyamalan con “El protegido”, aunque en vez de seguir una estética superheróica (CUIDADO SPOILER), lo hace siguiendo al personaje de Eduardo Noriega como un espécimen de sanador y donde su poder va cayendo “como la falsa moneda”, de mano en mano.

Admito que la idea es buena, y que la primera hora uno está en tensión esperando que las puertas abiertas en los primeros minutos de metraje sean del agrado de lo que uno espera ver finalmente; la pena es que muchas de esas puertas cierran chirriando, no llegan a engranar bien, y los últimos minutos son un risible espectáculo (abogado a un simplista “Happy End”) que poco o nada tiene que ver con una estética melodramática que lleva en parte la batuta del guión de Daniel Sánchez Arévalo, famoso por ese toque trágico que suele darle a sus guiones, vaya, de esos que uno ve un mal día e incluso “se alegra” de su valle de lágrimas que tiene por vida.

Las interpretaciones de Eduardo Noriega, de una Belén Rueda (que pretende últimamente sentar cátedra en sus intervenciones, y que no siempre lo consigue) y de la últimamente televisiva Angie Cepeda no consiguen llenarnos demasiado, tal vez si lo consigan los secundarios, desde Clara Lago como la hija del protagonista o el personaje de Luis Callejo que consigue no solo enganchar al espectador con su dolencia, sino que es el único que no se agarra a toda la premisa de la cinta, como un clavo al rojo. Aparte de hacer lo más creíble posible su dolencia (será que he vivido años con un amputado y sé lo que padecen y/o sienten).

En fin, podría haber dado mucho más fruto la ópera prima de Oskar Santos, y solo consigue transmitir un leve buen sabor de boca, hay que exigirle un poquito más a nuestro cine “patrio”.

1 Comments


ya quisieran los de afuera, hacer pelis como esta de nuestro cine patrio.

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