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Señales del futuro

Posted by Stipey on 16:40
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Año 1959: durante la inauguración de un nuevo colegio, los estudiantes guardan en una cápsula del tiempo varios objetos. Lucinda, una de las niñas, guarda un papel en el que ha escrito extraños números. Cincuenta años después, la cápsula del tiempo es desenterrada y Caleb (Chandler Canterbury), el hijo de John Koestler (Nicolas Cage), un profesor de astronomía viudo, recibe la misteriosa nota de Lucinda. John descubrirá enseguida que esos números esconden predicciones escalofriantes, algunas de las cuales ya han sucedido mientras que otras aún no. Poco a poco, empezará a darse cuenta de que el descubrimiento no es casual y que él y su familia juegan un papel fundamental en los importantes acontecimientos que están a punto de producirse...

Alex Proyas es un director mítico, que se ha ido abriendo hueco en el género, primero con “El cuervo” que ya por su temática fue sola un film de culto, después rizo el rizo con “Dark City” y más tarde con obras de mayor o menor calibre como son “Yo Robot” o esta que nos trae.

La idea de la película es genial, y se ahonda en algunas muy buenas ideas, de una manera magistral, sobre todo la primera mitad de la misma, cuando el personaje que interpreta Cage (Macho, si te estás quedando calvo, haz como un servidor, rápate al 0, pero déjate de pelucones que te quedan FATAL!!) empieza a asociar las cifras, catástrofes, números de muertes y localización de las mismas, amen de la escena del avión, una de las mejores escenas del cine de catástrofes y ciencia ficción rodadas en mucho tiempo.

La pena, y es donde la película naufraga estrepitosamente una y otra (y otra) vez, es cuando uno intenta crear con todo lo que ya tiene, vaya, como para rizar el rizo, una especie de thriller, entre la hija de la vidente que predijo de niña los acontecimientos, los hombres “malos” y todo lo que se les viene encima, junto ahí, sin orden ni concierto y como a Proyas le sale de la rima.

Entonces la cinta se frena, cae en picado, como el avión que antes he mencionado y, en los minutos finales, uno, como en un mal partido de fútbol, acaba, no solo pidiendo la hora al árbitro, sino que además a la misma le sobra casi 30 min. de metraje.

Admito que muchas (por no decir demasiadas) cosas me han gustado mucho, vaya, que coño, ¡Que me han encantado! Pero si cuando uno lo esta pasando de maravilla le acaban aguando la fiesta, se acaba poniendo de mal genio, renegando de la diversión y decidiendo que, tal vez en otro tiempo, o en otra peli en otro lugar se hubiera divertido mucho más que en esta.

Esos modernos Adan y Eva, esa nueva concepción, aquella que dice que el mundo pudo ser creado por una especie de extraterrestres ¿tal vez basada en la iglesia de la cienciología (tan en voga en Hollywood hoy en día)? Y esa estupidez hace que uno acabe renegando de algo que al principio tenía mejor cara de lo que al final es.

Son habas contadas, y no esta la cosa para andar tirando (o desperdiciando) la comida.

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