Leonor de Vibero (Elena Anaya), hija de un comerciante español instalado en Inglaterra, una mujer joven, curiosa y apasionada por el teatro, debe abandonar Londres y regresar a Castilla para contraer matrimonio con un duque viudo y tan acaudalado como poderoso. Leonor deja en Londres a un amante desolado, William Shakespeare (Will Kemp), un prometedor autor de comedias al que gustan tanto los placeres de la carne como el aplauso del público. Ya en España, Leonor conoce a Miguel de Cervantes (Juan Luis Galiardo), antiguo soldado y literato que ha perdido la confianza en sí mismo y la fe en su talento. Ella le convence, usando su capacidad de seducción y entusiasmo, para que escriba una comedia con motivo de celebrar su matrimonio con el duque. Pero cuando Leonor empieza a romper las resistencias del autor, se presenta inesperadamente Shakespeare, que ha decidido seguirla hasta España para impedir el matrimonio de su amada con el duque. Leonor, que hace pasar a Shakesperare por un criado, ve la ocasión de unir el talento de los dos escritores y tener una obra única. Cervantes aportará hondura y sabiduría; Shakespeare, el domino de los recursos teatrales y el humor. Pero el engaño no se mantiene mucho tiempo... El otro día, a la hora de la comida revisionaba (si, tengo una cinta de 4 horas en LP con un montón de programas) de NST (Noche sin tregua) y me encontré con que Malena Arterio y la directora de esta película que hoy nos trae, Inés París, habían sido invitadas a uno de ellos con ocasión de su estreno en los cines.
La verdad es que había tenido ocasión de ver la cinta en pase de prensa, pero finalmente y por motivos que no vienen al caso, no acudí al mismo, y tampoco tuve el más mínimo interés ni la más mínima inquietud hacia la película, hasta que no vi imágenes en dicho programa y la entrevista de rigor que el insigne Dani Mateo las hacía.
Decía Ines París, que tal vez, la cinta llegaría tanto a convencer a la juventud, que, haría que acabaran leyendo tanto a Cervantes, como a Shakespeare... Sinceramente Ines, y con la mano en el corazón y toda la sinceridad posible que cabe en mi calva cabezota, si para leer a Shakespeare (al que he leído más que a D.Miguel, y es que de hecho el Quijote no lo he leído, ni pienso hacerlo) hace falta películas como esta... apagué y vamonos; ya me encargo yo de echar la llave y tirarla al río más lejano posible.
Y es que la cinta, protagonizada por Elena Anaya, Juan Luis Galiardo, Wil Kemp y Malena Alterio además de José Pou, no es más que un filmico sainete de esos que, años a se interpretaban en los corrales, corralas o como Dios lo llamara antaño (ahora teatros), y es que, señora mía, hace falta algo más de empaque que un par de pedos, eruptos, cacas, culos y 4 chistes que, incluso aparecían en las cintas de Pajares, Esteso y Ozores.
En algunos compases de la película he tenido la misma sensación que cuando veía las de Asterix, y, en el guión nos mostraban como tal o cual cosa había sido "culpa" de estos genios galos; pues bien, en "Miguel y William" hay continuas referencias cruzadas (y, a la vez inventadas) sobre la vida de ambos y como ideas de uno u otro son llevadas a obras de Cervantes o Shakespeare, que vale, entiendo que son "trucos" del guionista, pero llegan a cansar, por su excesiva repetición.
No quería terminar sin destacar o apalear, las actuaciones de los intérpretes, eso que digo siempre con el consabido (
y en la parcela interpretiva), y es que, tal vez me quede solo con Will Kemp, muy simpático como Shakespeare, Helena Anaya (es que esta chica me tiene ganado con esos ojos que tiene...), Juan Luis Galiardo como un "viejuno" Cervantes y, sobre todo Malena Arterio, a la que me había acostumbrado a verla en su vis cómica y como "buena" y aquí es la villana de la función; da gusto verla en otra parcela.
Respecto al vestuario, me parece horrendo, si bien destacaba el vestuario de "Teresa en el cuerpo de Cristo", aquí, me parece digno de Agatha Ruiz de la prada, en este caso Sonia Grande la diseñadora de vestuario, hace el canelo en la ropa que llevan los protagonistas, y "emperifolla" a Helena Anaya, y a Malena Arterio, y deja con unos ropajes tristes y horrendos al resto, como queriendo dar interés a los personajes femeninos, dilapidados por el guión, sobre todo en ese machismo residente en la Edad media.
En definitiva, un experimento que resulta comicamente simple, y estúpidamente mundano (y aburrido).